El clan masculino de mis ancestros



Hoy, al recorrer la historia de mi familia –de mis padres, mis abuelos y mis bisabuelos–, pude ver con claridad un patrón que atraviesa nuestro clan: la imposibilidad. El abandono, la falta de amor, lo no digerido, lo no dicho.  
Mi abuelo materno murió joven de una úlcera; mi madre tenía solo ocho años. Mi madre murió de cáncer de colon. Mi bisabuelo, un hombre con adicción al alcohol y muy violento, llenó de desdicha muchas vidas y enviudó dos veces.

Sin embargo, mi madre pudo reconocer en él una ternura y un amor que ella misma despertó en su abuelo. Hoy, a la distancia, pienso: él también venía de una historia que no se hablaba, y esa adicción al alcohol era su manifestación.

Son tejidos familiares que uno desconoce, pero que la biología sigue expresando, incluso hoy, en este milenio. Todas esas historias, impregnadas de secretos, silencios y duelos no elaborados…  
Hoy la vida me regala la posibilidad de entenderme y entender a mi clan, a mis ancestros, y aún más, a mi madre y a mi abuela.

Hoy puedo reconocer las difíciles historias que cada uno tuvo que vivir prácticamente con nada: sin herramientas, sin amor, sin saber lo que era el amor. Como me dijo mi abuela Cleremira: «Jamás te cases por interés. A mí me casaron con tu abuelo. Yo amaba a un herrero».  
Cuánto dolor habitó en ella, viviendo como un personaje que hoy puedo conocer y entender. Su desamor.

Hoy yo habilito el don de la escritura de mi abuela Cleremira. Eso me aporta mucho bienestar y me permite seguir conociendo más a mi familia y, sobre todo, a mí misma.

Gracias a cada uno por ser, y porque hoy yo sea esta mujer valiente que despertó, gracias a Dios, a tiempo para vivir mi biología y mi existencia con mucha consciencia.  
Mil gracias.


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