Rutina diaria para transformar tus dias
Rutina diaria para transformar tus días
Puedes elegir la que desees. Esta es una propuesta para una mañana de conexión y creatividad.
Comienza al despertar con un momento de **agradecimiento** hacia el día por la oportunidad de vivir y experimentar. Luego, realiza **afirmaciones positivas** para establecer una mentalidad optimista y enfocada desde el comienzo.
Para preparar el espacio y la mente, puedes crear un ambiente relajante tocando un cuenco o encendiendo sahumerios o palo santo. Si tienes tu propia manera de conectarte, úsala. Después, dedica un tiempo a **meditar**, eligiendo una práctica que te ayude a encontrar paz interior y a conectar contigo misma.
Si te apetece, integra **música y movimiento**; bailar sola puede ser una forma maravillosa de conectar con tu cuerpo y expresar tus emociones. Luego, disfruta de un **desayuno** nutritivo y delicioso para nutrirte.
Busca una **conexión con tu entorno**: observa el cielo, el sol, la naturaleza, y recuerda a tus seres queridos o amigos. Esto te ayuda a sentirte parte de un todo. Finalmente, con esa claridad y conexión, estás lista para **crear**: escribe, pinta o expresa tu creatividad de la manera que sientas.
**Beneficios de esta rutina**
* Te permite conectar contigo misma y con el mundo que te rodea.
* Fomenta la creatividad y la expresión personal.
* Ayuda a encontrar paz interior y equilibrio.
* Te invita a disfrutar del presente y a apreciar la belleza de la vida.
**Adapta esta rutina a tus deseos**
Ajusta los horarios y la duración de cada actividad según tus necesidades. Experimenta con diferentes tipos de meditación, música o actividades creativas hasta encontrar lo que mejor te funcione. Puedes compartirla con otros y adaptar las actividades para que se ajusten a las necesidades de cada uno.
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Todo lo que nos pasa muchas veces tiene un sentido más profundo. Desde que nacemos somos genuinos, con dones únicos por experimentar. A medida que vamos creciendo, la familia, el entorno y la sociedad nos van moldeando como una pieza para ser utilizada, desprovista de sentir la vida y, sobre todo, de habitar nuestra propia existencia.
Nuestros padres ya vienen con heridas no reconocidas, tapadas, negando el dolor de lo que sienten. En mi caso, las historias familiares de abandono, falta de amor e injusticias no fueron casualidad. El encuentro de mis padres, con historias muy parecidas, tenía un trasfondo. ¿Cómo podrían gestionar su maternidad y paternidad si sus niñeces estaban rotas y llenas de un desamor inimaginable? Sin embargo, cada uno hizo lo que pudo, heridos, pero con ganas de vivir una nueva historia. Tanto mi madre como mi padre continuaron este viaje de ser una familia. Al nacer yo, sus vidas se transformaron, logrando crear lo mejor que podían, aunque muchas veces no era lo que yo deseaba.
A pesar de mi corta edad, era y soy muy creativa. Sus dudas y sus miedos engendraron dentro de mí patrones que aquietaron mis sueños y mis virtudes, un reflejo propio de sus heridas no sanadas. Es imposible amar cuando el desamor y el abandono son y fueron parte de sus historias. Amores con prejuicios, con vulneración, sin respeto. Amar y no ser correspondido. Amar y ser juzgado, y ocultarse detrás de una máscara para ser parte de una sociedad.
Como ejemplo, mi padre se casó para ser parte de una sociedad que juzgaba el amor entre dos hombres. Él tuvo una infancia donde fue educado por mi abuelo, mi abuela y la tía Carlina, y luego educado en Mendoza en uno de los mejores colegios, lejos del calor de una madre que era prostituta. Tenía una educación formal inmensa, pero su realidad interior estaba repleta de cicatrices, y aún no lo sabía.
Mi madre fue educada en un colegio pupilo en Lanús después de que falleciera su padre. A los ocho años, fue entregada por mi abuela, quien no podía educar a sus hijos. Su cuñado la estafó, dejándola en la calle, y ella vivió mucho tiempo con las monjas en Catamarca. Solo permitían las visitas de mi abuela y mi tío, que era pequeño. ¿Cómo se puede sentir una niña abandonada, exiliada del amor de su madre, con la orfandad de su padre? Ella era mi madre, repleta de heridas.
Ambos hicieron lo que pudieron al criarme, y agradezco que hicieron posible que yo esté en este mundo. Lo que viene hoy es mi responsabilidad; no los juzgaré. Yo, como madre, también hice lo que pude desde mis propias heridas y los abusos intrafamiliares que sufrí a mi corta edad.
Vivir siempre de casa en casa, con mis padres mudándose constantemente, hizo que no pudiera encariñarme con lugares ni amigos, y tuve una infancia de desapegos constantes. Mi vida se vivía con miedos y siendo muy solitaria.
Cuando todo parecía haberse acomodado, a mis 15 años fallece mi padre. Una tragedia: se descompone en la cancha de Racing y, al ser trasladado al Hospital Fiorito, fallece de un paro cardíaco. Un signo que acompañó a cada integrante de la familia paterna: mi abuelo, mis tías y mi padre murieron de lo mismo.
El espacio vacío de la ausencia de mi padre me devastó. Era como estar muerta yo también. Sin hablar, sin poder expresar mi sufrimiento y el dolor por su ausencia, fui creciendo tapando lo que sentía y anestesiando mis vivencias.
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