la vorágine del torbellino



### **9 de septiembre de 2024**

¿Cuántas veces nos encontramos sumergidos en la vorágine del torbellino que se gesta a nuestro alrededor? Es ahí, al no estar presentes, cuando suceden cosas que nos obligan a tomar conciencia de nuestra realidad.

Recuerdo un día en particular: el 24 de febrero de 1999. Acababa de regresar de vacaciones y al día siguiente era el cumpleaños del padre de mis hijos. Estaba aturdida, tratando de organizar el agasajo, cuando sucedió algo inesperado: me caí a la piscina vacía, de cuatro metros de profundidad. Mientras caía, solo atiné a pedirle a Dios que el golpe fuera lo más leve posible.

Al llegar al suelo, me vi con el tobillo izquierdo expuesto y el derecho, dolorido. Llamé a mis hijas, que quedaron desbordadas por la situación y pidieron ayuda a los vecinos. Fue así como conocí a esos seres maravillosos que acudieron a mi auxilio.

Mi vecina, Liliana, organizó el salvamento con un orden impecable y la ayuda de otros. Me llevaron a la guardia, donde no sentí dolor alguno. Hoy tomo conciencia de cómo había anestesiado mi vida, de cómo no tenía el poder de gestionar lo que sentía, de cómo mis emociones estaban inhabilitadas.

Fue ahí donde comencé a darme cuenta de que algo no estaba bien. El tiempo de reposo me hizo recapitular muchas cosas. Ahora entiendo que ese momento fue el comienzo de un proceso de sanación, de pintar mi camino con colores propios.

Aprender a desaprender lleva su tiempo. Hoy, a la distancia, entiendo que aquello fue romper algo que, luego, se fue acomodando como las piezas de un rompecabezas. Por eso, hoy agradezo tanto mi presente.

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